martes, 27 de mayo de 2008

¿CÓMO ENSEÑAR PARA QUE LA DIVERSIDAD DE ESTUDIANTES PRESENTES EN UNA SALA DE CLASES APRENDA?

Actualmente, nos encontramos que, cada vez de manera más frecuente, las aulas son escenarios donde se concentran grupos de alumnos con una gran diversidad. Por ejemplo, diferencias por razones sociales, étnicas y culturales, alumnos con baja motivación o altas capacidades, alumnos con necesidades educativas especiales, etc. Todos somos distintos por nuestras características fisiológicas, temperamento, carácter, medio en que vivimos, historia, condicionamiento y experiencias, por lo tanto, la organización del campo perceptual en cada uno de nosotros es diferente.
Es por eso que el aprendizaje, como creciente proceso de individualización, debe ser considerado como desigual en cada persona. Por consiguiente no se debe clasificar a los alumnos como meros receptores de datos y acumulación de hechos, sino que los profesores deben apoyar y facilitar el aprendizaje de los estudiantes, de forma que les ayuden a crearse a ellos mismos y dar importantancia a su existencia, desarrollando de tal modo un aprendizaje significativo, el que se logra cuando el educando percibe el tema de estudio como importante para sus propios objetivos.
Para que la diversidad de estudiantes presentes en una sala de clases aprenda, es necesario que el profesor desarrolle actitudes como la tolerancia, comprensión, respeto y el reconocimiento de que todas las personas son únicas e irrepetibles, por lo tanto, poseen capacidades, necesidades y tiempos distintos para aprender y desarrollarse. Además el docente debe desprenderse de la idea de clasificar a los alumnos como buenos o malos, más o menos inteligentes, rápidos o lentos y otras categorizaciones que circulan por la sociedad otorgando rotulaciones y títulos de excelencia.
Se debe rechazar la diferenciación basada en las características personales, así como el rebajar los objetivos educativos por su origen social. Es necesario desarrollar estrategias para que las potencialidades de este alumnado diverso encuentren su lugar en la escuela, donde pueda desarrollarse plenamente, mediante la participación en las distintas áreas educativas ya sea escolares como extraescolares. Para esto considero que el profesor debe aprender a conocer e interactuar con los distintos alumnos y sus modos de pensar y ante lo cual es fundamental el diálogo, el conversar y el rescatar lo mejor de cada alumno y así contribuir a la integración no sólo escolar sino también social.
En el proceso de enseñanza-aprendizaje también es primordial el contexto del alumno y aquí cumple un rol trascendental la familia y la atención que ésta preste a sus hijos, algunos niños se cansan de los regalos y el dinero que reciben de sus padres como compensación a la soledad. Pero no todas las familias son iguales: muchos padres están desesperados con los malos resultados de sus hijos, con su conducta; no saben qué hacer, viven en una constante situación de desasosiego.
Todos los alumnos pueden aprender, considerando sin embargo que cada estudiante experimentará, en algún u otro momento, dificultades de aprendizaje en distintos dominios, como suele ocurrirnos a todos, tener dificultades en el proceso de aprender es normal. ¿Por qué excluir a algunos estudiantes? Por ejemplo, hay jóvenes que comprenden mejor de manera visual, otros escuchando una clase, otros realizando esquemas o leyendo, por eso, se requiere al enseñar, utilizar variadas metodologías a lo largo del proceso educativo.
Si queremos que la totalidad de nuestro alumnado aprenda debemos ser capaces de respetar sus tiempos y poner énfasis en los alumnos con mayores dificultades, más que en aquellos que muestran una desarrollada independencia. Intentar entonces “rescatar” a todos los alumnos y no dejar de lado a los esquematizados como “niños problemas”, cuya principal dificultad es la desmotivación, es un deber del profesorado.
Es indudable que este compromiso de enseñar desde y para la diversidad nos plantea una tarea más compleja dada nuestra inserción en un sistema educativo uniformizado, que pone el énfasis en la selección del alumnado para la búsqueda de mejores puntajes y rankings. Pero la idea de un aula que estuviese compuesta por alumnos con características más o menos homogéneas, es un proyecto irrealizable. Además pienso que lo armónico no se encuentra en la igualdad sino en la diversidad, donde en el aula los alumnos sean capaces de complementarse y aprender en conjunto tanto de su profesor como de sus propios compañeros.
Sin embargo ¿por qué si en la escuela se reconoce la existencia incuestionable de la diversidad se emplea la existencia de un currículo común para todos? ¿Qué ocurre con los alumnos que previsiblemente no van a seguir el ritmo? ¿Están planificadas las medidas para dar respuesta a sus dificultades?

sábado, 17 de mayo de 2008

¿CUÁL ES SEGÚN TU OPINÓN LA FORMA MÁS JUSTA DE EVALUAR EL DESEMPEÑO DE UN ESTUDIANTE?


La evaluación es un proceso de medición e investigación, que sirve para comparar el resultado obtenido con el que se espera, y de esta forma establecer razonablemente el valor de un proceso educativo y emitir un juicio codificado en una calificación.

En cuanto a las opiniones, destacan en primer lugar los juicios negativos sobre las pruebas, en los que, para algunos, se concentran todos los problemas de la educación. Se dice que las evaluaciones producen más efectos negativos que positivos, que son represivos, que reflejan un estilo de enseñanza conservador y autoritario, que producen ansiedad y provocan secuelas muy negativas en los alumnos.

Por el contrario, otros acuden a su experiencia y al sentido común para demostrar que la mayoría de los alumnos no sufre estos daños, ya que, normalmente, las malas calificaciones se asignan a los alumnos que no han estudiado y sus problemas no se van a solucionar suprimiendo los exámenes.

En este sentido, se debe tener presente que en la enseñanza no puede haber una instrucción sin evaluación, pues no existe un proceso de enseñanza-aprendizaje si no hay metas que alcanzar y si éstas no se valoran objetivamente, pero ¿cómo evaluar?

Si tomamos en consideración que no hay un único modo de evaluar un hecho o resultado y que todo depende del punto de vista de la evaluación, lo que si se debe tener presente es el evaluar de la manera más justa y ética posible, pero en base a esto surgen nuevas interrogantes sobre los aspectos que se deben considerar al momento de realizar una evaluación, por ejemplo, ¿para evaluar es de vital importancia la memoria?

Considero que nuestro sistema educativo aun conserva ideales arraigados en cuanto al sistema tradicional que nos presupone como medida fundamental la memoria, no obstante como futuros docentes debemos tener presente que la memoria sólo es importante en algunos momentos, como para recordar datos específicos de un tema. Pero los estudiantes deben enfatizar en el verdadero aprendizaje y en esto considero radical el entender más que nada los procesos, para que el aprendizaje sea significativo.

De esta forma queda claro que la labor del profesor al momento de evaluar es trascendental y de aquí la aplicación de las metodologías que éste considere óptimas para el tipo de aprendizaje que espera obtener, pueden ser trabajos individuales o grupales, disertaciones, pruebas orales o escritas lo radical sin embargo consiste en que se establezcan objetivos a alcanzar, que se planifiquen las evaluaciones, pero que se modifiquen dependiendo de los logros que va logrando el alumnado.

Para Pedro Ahumada (1983) “La evaluación es un proceso cíclico, es decir se inicia con la formulación de objetivos y finaliza con la confirmación de dichos objetivos, pasando por situaciones intermedias de selección de experiencias de aprendizaje, aplicación de procedimientos evaluativos y análisis de resultados.”

Al respecto, para apreciar el desempeño de un estudiante, pienso que la evaluación se debe llevar a cabo de una forma individualizada y personalizada para obtener información sobre la evolución de cada alumno teniendo en cuenta su dimensión personal, además debe ser continuada e integrada en el ritmo de la clase, lo que nos permitirá obtener información sobre la evolución de los alumnos, sus dificultades y progresos y nos permitirá dar la ayuda necesaria en cada momento.

Se pueden de esta manera realizar una evaluación inicial, para saber así los conocimientos previos del alumno y de esta base nivelar y continuar la entrega de conocimientos, posteriormente realizar una evaluación de proceso a través de trabajos o actividades y así determinar si se están logrando los objetivos esperados, para finalizar con una evaluación final que englobe todo lo que comprende el proceso de enseñanza y aprendizaje.

En opinión de Meza (1991) “La continuidad de la evaluación, significa que constituye una proceso que acompaña siempre a cualquier tipo de actividad educativa o de instrucción y que incluye a la vez todos los aspectos del desarrollo de la personalidad del estudiante”

No obstante se debe clasificar a la evaluación como un medio y no como un fin, su función principal es el mejoramiento del proceso y de todos y cada uno de los factores que intervienen en él, lo importante no es la nota que se obtiene sino ¿qué se puede hacer para que estas calificaciones se mantengan o sean mejores?, o simplemente comprender ¿qué se está haciendo mal?, ¿por qué los alumnos no aprenden? o ¿por qué no se motivan para estudiar?. En fin, con la evaluación se analiza no solo al alumnado sino la labor docente y he aquí lo trascendental de su función.

Sin embargo si el proceso de enseñanza-aprendizaje es un trabajo en conjunto profesor-alumno ¿Por qué en el sistema de evaluación sólo intervienen los profesores y no los alumnos? ¿Se podría llegar a un acuerdo?

martes, 6 de mayo de 2008

¿CÓMO SE APRENDE HISTORIA Y GEOGRAFÍA?

La enseñanza de la historia plantea problemas de fondo muy especiales. La labor docente debe contemplarlos y adaptarse a ellos para hacer está disciplina más accesible a los alumnos. Éstos apenas conocen a su familia y a su entorno, por lo cual la vida colectiva que les presenta la historia va más allá de su experiencia y comprensión. El docente debe salvar además de esa dificultad, las planteadas por las diversidades ideológicas de los distintos hogares, evitando con sobria objetividad, la discrepancia entre hogar y escuela.
La geografía, aunque más objetiva y menos sujeta a interpretaciones dispares, presenta a la vez, interrogantes y dificultades características.
En fin, el aprendizaje va muy de la mano con el enseñar y por lo mismo, será necesario el emplear buenos métodos de enseñanza para que el alumno sea lo suficientemente capaz de desarrollar las habilidades necesarias para que su aprendizaje sea significativo.
Muchos consideran que el leer es la mejor manera de informarse y aprender, en eso estoy de acuerdo, pero por que a mí me gusta la historia y geografía y por lo mismo me intereso por educarme y utilizar diferentes técnicas de aprendizaje, pero la situación es muy distinta para un alumno de educación media, donde no todos están motivados por desarrollar esta área y tampoco tienen la costumbre y voluntad de leer intensivamente. Pero ¿por qué no se leen textos de historia con la misma razón que los extractos, a menudo poco interesantes o demasiado difíciles, de los novelistas contemporáneos?¿Por qué solo se hacen escribir textos con pretensiones literarias, como si debiéramos prepararnos para ser escritores? Ejercitando así, los alumnos adquirirían al mismo tiempo importantes nociones históricas, si bien no como historiadores, pero si para la utilización del conocimiento en esta área en su posterior formación educacional e integral.
No todas las personas somos iguales y por lo mismo utilizamos diferentes técnicas de aprendizaje y metodologías de estudio. La historia se puede aprender escuchando la cátedra del profesor, realizando resúmenes, esquemas o trabajando en grupo, la geografía es una ciencia de observación y se relaciona con las ciencias naturales, por lo mismo creo que es más fácil aprenderla realizando actividades más fácticas.
En cualquier caso, lo esencial es aprender a asociar los conocimientos previos que se tienen en el área y posteriormente relacionarlos con situaciones de nuestro entorno y diario vivir.
Aunque el aprender historia y geografía requiere un gran esfuerzo de memoria, no sólo basta con eso, sino que además es preciso comprender procesos y analizar situaciones, el tiempo pasa y la memoria falla, pero aquello que nos ha sido significativo se incorpora a nosotros y jamás se olvida.
La historia y geografía hay que aprender a quererla y sobre todo aprender a aprehenderla, pero no todo está en los libros, no todo se ha escrito aun y por lo mismo el desarrollo de nuestras habilidades mentales deben ir hacia un más allá de lo que se escribe con letras, es un “dejar que los libros nos hablen”
El alumno de hoy en día tiene muchas cosas a su favor y en esto hay que agradecerle a la tecnología, sin embargo el exceso de información trae consigo otras dificultades como la superproducción de ésta y una rápida obsolescencia del conocimiento, el alumno se vuelve autodidacta, pero a la vez requiere desarrollar ciertas capacidades de discriminación y crítica, para esto es fundamental la orientación del profesor.
El aprender historia y geografía no tiene porque ser un proceso aburrido, aquí también recae otra vez la función del profesor que siempre debe procurar una motivación del alumnado hacia nuevos conocimientos, que se interese a aprender por sí mismo, ayudarlo y guiarlo a hacer él, el principal constructor de su aprendizaje.
Pero ¿cómo puedo motivar a los alumnos a interesarse por la historia y geográfia?
Quizás es un trabajo arduo, pero ¿imposible?

sábado, 26 de abril de 2008

¿QUÉ SIGNIFICA PARA TI ENSEÑAR DIDÁCTICAMENTE?

Muchas veces cuando se nos nombra el concepto de Didáctica lo relacionamos inmediatamente con la enseñanza o más específicamente lo definimos como la teoría de la enseñanza cuyo objetivo son las técnicas, es decir la habilidad de dirigir y orientar eficazmente a los alumnos en su aprendizaje.
Sin embargo, la didáctica no se limita sólo a este criterio, sino que además "Busca explicar la compleja configuración de los saberes escolares" (Zambrano:2005), con el fin de abarcar todos los aspectos de la personalidad del alumno. Comprendiéndose así que la didáctica no es sinónimo de metodología como se piensa, pues la metodología es sólo una parte de ésta.
Debido a esto es preciso señalar que para la didáctica el aprendizaje posee diversas formas, por lo que no se reduce sólo al acto intelectual. Inclusive la inteligencia no aparece como un factor relevante, pues esta disciplina se interesa sobre todo en las motivaciones y dificultades que el alumno experimenta en situaciones de aprendizaje.
Sin lugar a dudas, durante el proceso de aprendizaje se pueden usar diversas técnicas y métodos de enseñanza. Pero ocurre que muchas veces estos métodos son usados de una forma mecánica sin una mayor profundización y usándose en ocasiones de modo incompleto. En realidad no existe una mejor técnica de enseñanza, en términos absolutos y determinable a priori; pero, dentro de las circunstancias inmediatas de la realidad, es siempre posible determinar cuál es, en cada caso, la técnica de enseñanza más factible y aconsejable; para eso se exige comprender y discernir todos los datos de la situación real e inmediata sobre la que se va a actuar, es decir situarnos en el contexto particular del alumnado.
Ante lo anteriormente señalado, se debe considerar que el enseñar didácticamente hoy en día exige estar preparado para un alumnado distinto, que ya no se conforma con los métodos tradicionales basados en las tediosas clases expositivas, donde el profesor transmite los contenidos pero sin una mayor participación de los estudiantes y sin un diálogo, que permita el desarrollo integral de estos.
El enseñar de una forma didáctica implica utilizar todas las herramientas que estén a nuestro alcance de manera conveniente, entrelazando así los aspectos teóricos y prácticos del educar, de tal manera que la metodología se base en un aprendizaje significativo y mutuo, donde la construcción didáctica deberá ser realizada tanto por profesores como estudiantes.
“El profesor y su función profesional continúan constituyendo elementos clave en el ámbito de la actividad didáctica, aun cuando se haya producido una significativa evolución en las relaciones con el alumno a partir del movimiento pedagógico en la Escuela” (Rosales:1998), sin embargo aunque la labor del profesor es trascendental jamás se debe dejar de lado que es el alumno el protagonista de nuestra labor y es a él a quien deben estar dirigidos los contenidos.
Es así como, para poder llevar a cabo cualquier tipo de enseñanza didácticamente, ante todo es necesario desarrollar estrategias que permitan motivar al alumnado a interesarse por aprender, y hacer de esto algo significativo, a mi parecer el desarrollo del aprendizaje por descubrimiento es fundamental, porque de esta manera el alumno va construyendo su propio conocimiento. En palabras de Rousseau:
“Dirigid la atención de vuestro alumno a los fenómenos de la naturaleza y le habréis hecho curioso; mas para alimentar su curiosidad no os apresuréis jamás a satisfacerla. Que no sepa nada porque se lo hayáis dicho, sino porque él mismo lo haya comprendido; que no aprenda la ciencia, que la invente. Si sustituís alguna vez en su espíritu la razón por la autoridad, no volverá a razonar, no será más que el juguete de la opinión de los demás”. (J.J.ROUSSEAU)
Para concluir rescato el valor de la didáctica en el complejo proceso de enseñanza- aprendizaje, ya que involucra la forma en que serán entregados los contenidos, pero no sólo estos, sino además la forma en que nuestros alumnos se desarrollarán y adquirirán habilidad y aptitudes. Esto nos lleva a plantearnos ¿Cuál es la importancia de la didáctica en la construcción del conocimiento?¿Cómo podemos incorporar de mejor manera la didáctica en nuestro quehacer educativo? O más claro ¿Cómo podemos erradicar el estigma del paradigma técnico y lograr conjugar didáctica y participación del alumnado, si de igual manera deberemos cumplir con un curriculum educacional “impuesto” ?

martes, 15 de abril de 2008

¿CÓMO PROMOVER UNA AMBIENTE ADECUADO EN EL AULA?



Para Aaron y Milicic (1999) “El clima social se refiere a la percepción que los individuos tienen en los distintos aspectos del ambiente en el cual se desarrollan sus actividades habituales, en este caso el colegio”.

Las personas en general pasamos gran parte de nuestras vidas en el colegio y de acuerdo a nuestras experiencias vividas es como caracterizamos los diferentes ambientes escolares, unos gratos que nos hacen sentir seguros, queridos tranquilos y dispuestos a aprender, o al contrario otros que nos hacen sentir desganados, estresados, irritados o con falta de interés.

Pero para promover un ambiente adecuado para el aprendizaje, tanto en lo personal y social, como en los medios técnicos y de infraestructura involucrados, se debe tener en consideración que las características del entorno en que se realiza la clase son un factor determinante. Es evidente que un profesor que tiene más de 40 alumnos por curso tendrá más dificultad para establecer relaciones interpersonales cercanas con todos, siendo más probable que muchos de ellos se sientan invisibles, lo que favorece conductas disruptivas. Si a esto se suman las condiciones físicas desfavorables, como hacinamiento, mala ventilación, falta de útiles adecuados y materiales motivadores, eso hace más difícil para el profesor lograr un clima social en el que se den interacciones satisfactorias.

Y es por esto, que la "Creación de un ambiente propicio para el Aprendizaje" es uno de los puntos claves en el Marco para la Buena Enseñanza, donde se destacan las interacciones que ocurren en el aula, tanto entre docentes y estudiantes, como de los estudiantes entre sí, teniéndose en cuenta que los aprendizajes son favorecidos cuando ocurren en un clima de confianza, aceptación, equidad y respeto entre las personas y cuando se establecen y mantienen reglas constructivas de comportamiento. También contribuye en este sentido la creación de un espacio de aprendizaje organizado y enriquecido, que invite a indagar, a compartir y a aprender.

Sin lugar a dudas en la construcción de un ambiente educativo todos estamos implicados de una u otra manera, en mayor o menor medida. La satisfacción de las necesidades del alumnado es la principal responsabilidad del profesorado, pero su actuación será notoriamente insuficiente si no se logra implicar en la tarea a los compañeros. Tal satisfacción, con frecuencia, no requiere sino una cualidad humana y un trato personal adecuado, lo que no debe entenderse como blando y sin exigencia. Frente a la habitual permisividad, las normas son fundamentales para el logro de las metas educativas, pero se puede lograr mejor y en mayor medida cuando antes y por debajo de éstas se ha conseguido instaurar un trato afable, cordial y respetuoso.

En este sentido el desarrollo de la empatía por parte del docente es radical, debido a lo que es necesario ser coherente y democrático, pensar como alumno, y no sólo como profesor, ponerse en el lugar del estudiante que un día fuimos y reflexionar sobre ¿qué sería divertido? pero con límites, ¿qué seria agradable realizar para enriquecer nuestro ambiente escolar y llamar la atención del alumnado?

Si se considera que en algunas aulas, hay maestros que jerarquizan la clase, desde el principio hasta el final, dando así la impresión al alumno de que es él quien tiene el control de la palabra, y el alumno tiene que dedicarse sólo a escuchar, es evidente que esto no contribuye en nada a la construcción de un clima escolar adecuado, pues enseñar y aprender, en nuestros días, exige una mayor flexibilidad espacio-temporal, personal y grupal, menos contenidos fijos y procesos más abiertos de investigación y de comunicación. Y en esto coincido con Paulo Freire cuando en su libro “Pedagogía de la Esperanza” (1993) señala que “Para que quien sabe pueda enseñar a quien no sabe es preciso que quien enseña sepa que no sabe todo y quien aprende sepa que no lo ignora todo”.

En el proceso enseñanza- aprendizaje es primordial un ambiente que este abierto al diálogo, a la interacción, para lo cual existe un factor determinante que va de la mano con cualquier técnica o modelo curricular que se utilice para promover un clima adecuado en el aula y es la actitud del profesor. Éste se tiene que mantener abierto a todos los comentarios que surjan en clase, sin desmeritar alguno, deberá también fomentar participaciones, moverse, no quedarse estático, verse interesado, cuestionar las respuestas, hacer pensar al alumno, ponerlo en jaque, conservando siempre la línea del respeto entre alumno y maestro.
También podemos modificar la forma de enseñar y de aprender generando espacios propicios para el aprendizaje cooperativo. Dicha propuesta de trabajo cooperativo, entiende la participación como una asociación entre personas que van en busca de ayuda mutua en tanto procuran realizar actividades conjuntas, de manera tal que puedan aprender unos de otros, y así generar un ambiente que se enriquezca constantemente.

sábado, 5 de abril de 2008

¿QUE SIGNIFICA LA DISCIPLINA EN EL AULA?

En una institución educativa la disciplina puede ser expresada como un comportamiento en el cual el alumno se rige a las leyes del respeto hacia el profesor y con y para los compañeros del aula. Es decir, para que haya disciplina en el aula, tanto el educador como el educando deben respetar la libertad del otro y por lo tanto entre los dos debe haber un mutuo respeto.
Sin lugar a dudas la disciplina es tan esencial en el proceso de enseñanza-aprendizaje como lo es en la convivencia humana en general. El orden y el respeto a las normas del colegio, y el cumplimiento de los procedimientos que de éstas proceden, son condición necesaria para el buen éxito en las tareas académicas y para un adecuado desarrollo emocional e intelectual.
Es común escuchar que un profesor competente es aquel que logra mantener la disciplina en una sala de clases, pero realizar esta tarea no es nada fácil en un curso de 45 alumnos cada uno con diferentes formas de ser; hay alumnos inquietos, otros que conversan, escuchan música, se duermen o que simplemente se niegan a sacar el material ¿Quién de nosotros no ha sido participe de alguna de estas actitudes o de otras mucho peores?
Es por esto que uno de los fenómenos que más preocupa en la actualidad es la gestión y control del aula, por la incidencia que tiene esto en el rendimiento académico del alumno, pero además en la satisfacción o insatisfacción del docente, ya que la indisciplina es una variable influyente y factor causante de la sensación de fracaso profesional, deserción docente, malestar personal y falta de motivación laboral. ¿Qué hago si por más que me esfuerzo mis alumnos no me hacen caso?

En primer lugar se debe considerar que entre las distintas funciones del profesor está la de gobernar y gestionar el aula de tal manera que permita ofrecer oportunidades adecuadas de aprendizaje así como desarrollar aptitudes de convivencia favorables dentro del ámbito escolar y social. Pero, lo difícil es lograr que los alumnos tomen conciencia de la necesidad de normas y sanciones para mantener la convivencia, para esto es necesaria la formación del docente en técnicas de gestión y control del aula fundamentadas en la comprensión y conocimiento del curso evolutivo por el que trascurre el estudiante. Dar oportunidades a los alumnos para aprender a comportarse implica por parte del profesor la incorporación de estrategias que permitan al alumno asumir la disciplina como un objetivo educativo que debe alcanzar y al profesor como un objetivo educativo que debe enseñar.

Sin embargo al desarrollar estrategias de convivencia se deben olvidar ciertos paradigmas, como por ejemplo que la disciplina equivale a castigo, la palabra disciplina significa realmente formar o enseñar, y combina tanto refuerzos positivos como negativos. Cuando se entrega disciplina a los alumnos, se les enseña a comportarse, para lo cual se les dan instrucciones antes de pedirles que intenten poner algo en práctica. Es así como el profesor se convierte en una especie de modelo de comportamiento que debe estar dispuesto a señalar una y otra vez aquello que no se está haciendo bien, pero además debe destacar lo que si está bien, la idea es hacer reflexionar al alumno sobre su error y así modificar su comportamiento y el modo más eficaz de formar una buena conducta es moldearla con elogios.
Otro modo de eliminar comportamientos específicos que irritan es simplemente ignorarlos. Puede que al aplicar esta técnica, muchos crean que no se está haciendo nada en absoluto para cambiar las cosas, pero al ignorar constantemente ciertos comportamientos, y actuando como si no existieran, se consiguen grandes resultado. Considero que cuando quieren, los alumnos hacen cualquier cosa para conseguir la atención tanto del profesor como de sus compañeros, y esta actitud deriva de una situación en específico, pero que en clase no es adecuado tratarlas, para esto es necesario una conversación más profunda y por ningún motivo optar por medidas que ridiculicen al alumno. El ignorar consiste en no tomar en cuenta los comportamientos que desagradan y prestar atención positiva a los que agradan, pero nunca se debe hacer una cosa sin la otra.
Quizás otra sencilla manera de evitar la indisciplina es el compromiso con el alumnado al momento de preparar bien nuestra clase, presentándola de tal modo que sea ágil y comprensible, agradable al alumno, con el fin de que él sienta el deseo de aprender, estar atento y participar en la misma.
En fin la disciplina es fundamental en la formación del estudiante, y en esto la habilidad del docente para mantenerla es un punto clave para una buena educación, pues si la autoridad falla, se pierde el control del curso y el proceso enseñanza-aprendizaje peligra, pero cuando la autoridad se llega a convertir en autoritarismo y cuando se utilizan sólo los castigos, la educación vuelve a ponerse en riesgo.

martes, 25 de marzo de 2008

¿PARA QUÉ ENSEÑAMOS?

Siempre cuando eres niño te preguntan en el colegio ¿qué es lo que quieres ser cuando seas grande? Muchos quieren ser doctores, otros abogados, cantantes u otras profesiones, pero cuando a mi me lo preguntaron yo dije que quería ser profesor, como mi papá, quería saber mucho, pero ante todo quería enseñar a otros lo que sabia. Paso el tiempo y aunque otros planteamientos llegaron a mi mente el ser profesor estuvo siempre presente en mi vida… pero ¿por qué ser profesor? o más bien ¿para qué enseñar?

La sociedad se ha desarrollado y con ello han cambiado las expectativas con respecto a la finalidad de la enseñanza y a lo que debería saberse tras el paso por la escuela, quedando plenamente establecido que en ninguna medida la educación es una mera transmisión de conocimientos. “La educación ha evolucionado desde la pedagogía de la reproducción a la pedagogía de la imaginación más basada en la indagación, la búsqueda y la pregunta que con la respuesta, de estar centrada en la enseñanza y el profesor a centrarse en el aprendizaje y el alumno, de atender sobre todo a los productos a considerar la importancia de los procesos”. (Beltrán, 2003)

Se trata entonces de un para qué enseñar más amplio, de una pregunta para la que no se tiene una respuesta específica, pues existen múltiples concepciones al respecto ya sea en el ámbito curricular como en un sentido más subjetivo, es precisamente aquí donde se sitúa el debate contemporáneo acerca del supuesto fin de la educación. Sin embargo, y mientras se piensa en la escuela, se duda de ella, se discute sobre su propósito y su forma, mientras se confronta y se cuestiona, día tras día, en cada pueblo, en cada ciudad, una enorme cantidad de jóvenes asisten a las instituciones educativas para aprender, y una no menos enorme muchedumbre de docentes concurre a las escuelas para enseñar.

Es por ello que establezco que las actividades de enseñanza que realizan los profesores están inevitablemente unidas a los procesos de aprendizaje que, siguiendo sus indicaciones, realizan los estudiantes. Los objetivos de docentes y alumnos están íntimamente ligados, siempre consisten en el logro de determinados aprendizajes pero trascendentalmente considero que la clave del éxito está, en que los estudiantes puedan y quieran realizar las operaciones cognitivas convenientes para ello, interactuando adecuadamente con los recursos educativos a su alcance.

En conceptos técnicos enseñamos porque “la educación debe garantizar la implicación de las generaciones jóvenes en prácticas educativas especialmente planificadas para que desarrollen las capacidades que les son necesarias para vivir en sociedad de manera competente crítica y creativa” (Mauri, 2003) o enseñamos, según el marco curricular, para cumplir con los objetivos fundamentales establecidos para cada nivel educacional, esto se refiere a las competencias que los alumnos deben lograr, ya sean estos objetivos verticales o transversales.

Mi concepción no está muy alejada de lo descrito ya, pero incluyo además que enseñamos para intentar ayudar a todo el alumnado inserto en un determinado contexto, a ser una persona íntegra, y con esto me refiero en todos los ámbitos, que se pueda desenvolver plenamente en un futuro no muy lejano con las capacidades y habilidades que se le han dado a conocer, pero también enseñamos para poder desarrollarnos de igual modo nosotros como personas y como profesionales.

Sin embargo, porque establezco que el fin (que en este caso sería el para qué) no justifica los medios, es trascendental la metodología de enseñanza si se quieren obtener buenos resultados al educar y alcanzar los objetivos antes establecidos, quedando así inmediatamente establecida la interrogante ¿De qué manera voy a enseñar para alcanzar mi fin?


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BELTRAN LLERA, Jesús A. (2003). "De la Pedagogía de la Memoria a la Pedagogía de la Imaginación". Educared, Madrid
MAURI MAJÓS, Teresa (1997). “Currículum y Enseñanza”. Magisterio del Río de la Plata, Buenos Aires.